La historia de Rand Boats
Una vuelta hasta que se pone el sol, una parada de baño frente a una orilla vacía, una tarde fondeado con amigos. Para esas horas están pensados los barcos de recreo y dayboats de líneas limpias que firma Rand Boats, una marca danesa que lleva al agua la tradición escandinava del diseño.
Lo que hace interesante a la marca es dónde coloca el motor. Las versiones de propulsión eléctrica tienen un sitio fijo en la gama. Aquí lo eléctrico no llegó tarde ni se atornilló a última hora para subirse a una moda: es una de las maneras normales de pedir un Rand. Eso coloca a la marca de lleno en esa navegación moderna, silenciosa y sin humos que desarrollamos en la guía de barcos eléctricos.
Las formas contenidas no son un capricho estético. Las líneas claras y las superficies bien resueltas ayudan a desconectar en cuanto subes a bordo. Un Rand renuncia al cromado llamativo y al detalle recargado, y a cambio ofrece asientos generosos, mandos que no necesitan explicación y una distribución que funciona para bañarse, tenderse al sol y estar con gente que vino a hablar entre sí. Esa contención es también lo que evita que los barcos envejezcan mal: siguen una forma tranquila de usar el agua, no el gusto de una temporada.
El diseño escandinavo arrastra una vieja costumbre: que la función decida la forma y que el material ponga la cara. En un barco eso se nota en cosas pequeñas y poco vistosas. Asientos donde aguantas cuatro horas sin cambiar de postura. Superficies de las que quitas la arena con un chorro de agua dulce. Una zona de asientos que no te obliga a pasar por encima de tres personas para llegar a la plataforma de baño. Nada de eso luce en una fotografía tanto como una pared de cromo. Todo eso pesa más un sábado por la tarde.
El planteamiento danés encaja en un movimiento europeo más amplio. Los astilleros de recreo del segmento alto se toman en serio la propulsión limpia y silenciosa, en vez de tratarla como una curiosidad de feria. Si quieres ver cómo resuelven el mismo encargo otros constructores, compara Rand con el sueco X Shore o con el austriaco Frauscher. Cada uno tiene su letra, y aun así los tres apuntan a algo muy parecido sobre el agua: moderno y despejado, sin ruido de fondo.
Rand Boats en el agua
Fotografía oficial y la gama completa al día: randboats.com ↗

Los modelos: el Leisure 28 y el resto de la gama
El barco que esta página mira en detalle es el Leisure 28, un dayboat espacioso de 8,44 metros de eslora, montado alrededor de los días de agua en compañía. Las versiones eléctricas llegan en dos configuraciones. La ficha del modelo en randboats.com da una de 170 kW de potencia con batería de 78 kWh y otra más fuerte, de 265 kW y 117,5 kWh. El configurador de la misma web muestra esa propulsión fuerte con 245 kW y 117 kWh, así que pregunta al distribuidor a cuál de las dos se refiere el presupuesto.
Con el precio conviene ser exacto. En una versión anterior de esta página dábamos una cifra de mercado porque no encontrábamos tarifa. Hoy Rand publica sus precios, aunque sus propias páginas no coinciden. La ficha del Leisure 28, consultada el 5 de octubre de 2026, lo sitúa desde 165 900 EUR y no dice si el IVA está incluido. El configurador, consultado ese mismo día, nunca baja tanto. Su Leisure 28 más barato, con motor de gasolina, sale por 179 900 EUR; la versión eléctrica de 170 kW, por 265 900 EUR, y la eléctrica más fuerte, por 309 900 EUR. Todos esos totales aparecen sin IVA ni gastos de entrega, y las opciones se suman encima.
Desliza la tabla para ver el resto de columnas
| Configuración | Potencia del motor | Batería |
|---|---|---|
| Leisure 28, propulsión eléctrica base | 170 kW | 78 kWh |
| Leisure 28, propulsión eléctrica más fuerte | 265 kW | 117,5 kWh |
Cualquier modelo de la gama de Rand se puede pedir con propulsión eléctrica, y la marca también vende sus barcos con motores de gasolina y diésel. En el Leisure 28, las dos propulsiones eléctricas conviven con tres opciones de combustión: un fueraborda Mercury F 300, un intraborda de gasolina Mercruiser 6.2L de 350 hp y un intraborda Mercury Diesel 3.0L de 270 hp.
En la ficha de Rand, las dos propulsiones eléctricas se diferencian en velocidad punta y en autonomía: 30 nudos y unos 64 km a 8 nudos la base, 40 nudos y 97 km la fuerte. En el configurador, pasar de una a otra cuesta 44 000 EUR. Para navegar sin prisa, con saltos cortos entre ensenadas y sin llevar el acelerador a fondo, la base suele cumplir de sobra. La fuerte se gana el sitio cuando quieres margen: el barco lleno de gente, o un tramo abierto que prefieres cruzar rápido antes que despacio.
Puestas una junto a la otra, las cifras de la ficha dicen algo que no se ve mirando solo la potencia: la autonomía anunciada crece casi al mismo ritmo que la batería. Cuánto sube la potencia en proporción depende de qué página de Rand mires, porque la ficha y el configurador no dan el mismo número. Traducido al agua, la versión fuerte compra empuje y distancia a la vez.
La autonomía también está ya en la ficha, y antes no la encontrábamos. Esas cifras salen de Rand, y en el agua cambian con la velocidad, con el peso a bordo y con el estado del mar. Si alguien te suelta otro número redondo, pregunta de dónde salió.
Cuál te conviene depende menos del número grande del papel que del uso real. Sé honesto con la cantidad de pasajeros que vas a llevar, con las distancias que vas a recorrer y con la velocidad a la que navegas de verdad.
El Leisure 28 no agota el catálogo. Las fotografías de esta página muestran otros barcos de la misma marca: el Escape 32, el Realm 45 con su techo solar y el catamarán Solara 33. Las gamas se mueven de una temporada a otra, así que randboats.com es la referencia de lo que se ofrece ahora y de cómo se puede configurar cada casco.
Vale la pena detenerse en la palabra dayboat, porque describe buena parte del encargo. Es un barco para salidas de un día, unas horas o una jornada completa: asientos cómodos, sitio para recostarse al sol, detalles resueltos alrededor de la parada de baño. El Leisure 28 lleva más de lo que sugiere la etiqueta. Rand anuncia una cocina completa y un aseo, además de un camarote para dos personas en la cubierta inferior, pero la bañera, con su solárium triple a popa y un sofá en U ampliable, está dibujada para el día. Como categoría, el dayboat encaja muy bien en un lago sin oleaje o en una bahía resguardada, donde la salida típica es una tarde bien gastada y no un crucero de varios días.

Cómo se siente de verdad la navegación eléctrica
Casi todo el que se baja por primera vez de un barco de gasolina cuenta lo mismo: el silencio. En lugar de zumbido y vibración se oye el agua. Se habla a volumen normal y nada huele a escape. Ese silencio, por sí solo, cambia el carácter de la jornada. La atención se va al paisaje y a la gente que subiste contigo, no a la maquinaria de debajo.
El motor eléctrico también cambia momentos pequeños que a nadie se le ocurre preguntar. No hay calentamiento antes de salir ni enfriamiento al llegar. Las maniobras lentas junto a un muelle concurrido salen precisas, porque el motor responde al acelerador al instante y sostiene una velocidad corta sin dar tirones. Y el día entero cansa menos: el ruido y la vibración desgastan de una manera que solo se nota cuando desaparecen.
A cambio, el día se organiza un poco distinto. La carga ocupa el lugar de la parada a repostar. Lo cómodo es un amarre con punto de carga: así el barco espera cargado la siguiente salida. El tiempo útil y el alcance dependen mucho de la velocidad, y navegar suave castiga la batería bastante menos que ir rápido y sostenido. El detalle práctico de la carga y de la autonomía está en nuestra guía de barcos eléctricos.
Lo bueno es que el ritmo de un día de agua ya encaja con esa lógica. Si tu programa habitual es una vuelta por la tarde, una parada de baño y un regreso lento con el sol bajo, planificar la carga se convierte en rutina y no en carga mental. Dos o tres costumbres pequeñas y dejas de notar la diferencia con el viejo ritual del surtidor. A muchos propietarios acaba gustándoles justo eso: navegar se vuelve algo más deliberado y bastante más tranquilo.
Dónde encaja mejor un Rand
El tamaño del Leisure 28 encaja casi a la perfección con los lagos interiores, los embalses y las bahías resguardadas. Es justo el tipo de dayboat que sacas una tarde con la familia o con amigos, no el que elegirías para cruzar un océano. La propulsión silenciosa va con ese escenario, porque el agua tranquila y el ánimo tranquilo caminan juntos.
Esa preferencia no es solo estética: un barco callado resulta bienvenido justo donde el ruido de motor sobra. Antes de soltar amarras, averigua qué dicen las normas locales sobre este tipo de barco, porque cambian con el país y con cada lago o bahía. Nuestra página sobre barcos eléctricos entra a fondo en cómo se traduce todo esto en el día a día. Mientras tanto, la infraestructura mejora: la toma de corriente en tierra ya viene de serie en muchos amarres y los puntos de carga se van sumando año tras año.
En la práctica, un día puede verse así. Sales del puerto sin prisa por la mañana, fondeas en una ensenada tranquila para un baño antes del mediodía, cruzas a la otra orilla a tomar un café después de comer y te quedas a ver la puesta de sol desde el agua, meciéndote suavemente al ancla. El tamaño del Leisure 28 acompaña ese día suelto y curioso: barco suficiente para que varias personas se repartan sin estorbarse, y no tanto como para que atracar y maniobrar se conviertan en un proyecto un sábado de temporada alta. Si te planteas la compra en serio, el amarre que corresponde al tamaño del barco y a sus necesidades de carga es una decisión al menos tan importante como el barco.
Para quién es un Rand
Ningún barco encaja con todas las fantasías que uno se hace sobre el agua. Antes de enamorarte de las fotografías, calcula con honestidad qué harías tú con uno. Un Rand atrae a quien busca una navegación relajada y en compañía, y a quien le importan el diseño limpio y un motor silencioso. Estos perfiles son la vía rápida para saber si eres tú:
- Familias que buscan una plataforma segura y cómoda para los días de agua con niños.
- Grupos de amigos que tratan el barco como una terraza flotante: tomar el sol, bañarse, una copa cuando cae la luz.
- Quien quiere a propósito un día en el agua sin ruido de motor ni humos, porque navegar con menos impacto le importa.
- Propietarios que piensan en el agua tranquila de un lago o de una bahía resguardada, no en travesías oceánicas.
Si tus planes incluyen viajes de varios días, distancias largas o mar abierto de verdad, mira más allá del Leisure 28. Rand agrupa sus barcos grandes en un apartado propio de yates: el Escape 32 tiene un camarote para pasar la noche con aseo y ducha propios, y la marca describe el Realm 45 como pensado para travesías largas. La fuerza del Leisure 28 está en el día sin prisa cerca de la orilla. Resolver esa pregunta pronto es lo que evita comprar una fotografía de catálogo en lugar del uso que de verdad encaja en tu vida.
Conviene echar cuentas también con la temporada. ¿Cuántos días vas a usar el barco de verdad y con cuánta gente a bordo cada vez? Uno que sale cuarenta veces en una temporada con seis personas dentro justifica un equipamiento muy distinto del que deja el amarre un puñado de fines de semana. Esa cuenta suele decidir la satisfacción del propietario mucho más que cualquier cifra de folleto.
Antes de comprar: lo práctico
Una decisión de este tamaño merece un repaso ordenado por unas cuantas preguntas prácticas. Lo que sigue no sustituye la conversación con un distribuidor, aunque sí hace que llegues preparado a ella:
- Precio final y equipamiento: el total baila bastante con la propulsión y con las opciones, así que pide siempre un presupuesto por escrito del barco exacto que quieres.
- Prueba en el agua: intenta no elegir solo por catálogo. Si el carácter de un barco te encaja se ve navegando, y las jornadas de demostración son una buena ocasión para averiguarlo.
- Amarre y carga: deja resuelto de antemano dónde va a vivir el barco y si podrás cargarlo allí.
- Invernaje y mantenimiento: pregunta cómo se organizan el guardado fuera de temporada, la revisión periódica y el cuidado de la batería, y quién se encarga de cada cosa.
- Uso y pasajeros: hazte una idea realista de cuánta gente vas a llevar y de qué vas a hacer con el barco. Eso es lo que decide qué configuración te corresponde.
Mira también más allá del precio de compra. Tener un barco es una suma de partidas: el amarre, el invernaje, el mantenimiento y el seguro se apilan encima de lo que pagaste por el casco. Cuánto pesa cada partida depende de tus decisiones y de lo que haya disponible cerca, así que no existe una cifra única que citar. Quien las presupuesta desde el principio se lleva menos sorpresas en la segunda temporada y en la tercera. Un barco está para dar días tranquilos en el agua, no un dolor de cabeza recurrente.
Con estas preguntas trabajadas de antemano, decides con bastante más seguridad. La charla con el distribuidor puede ir entonces sobre los detalles que de verdad importan, en lugar de aclarar lo básico. Ese es también el momento de pedir por escrito lo que te hayan contado de palabra.



