Tabla de surf eléctrica: un efoil volando por encima del agua

Tabla de surf eléctrica

¿Jetboard, efoil o SUP eléctrico? La guía completa

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Qué se vende como tabla de surf eléctrica

Unas planean sobre el agua y otras vuelan por encima. Esa diferencia, y no la marca ni el color, es la que decide casi todas las compras. Bajo el nombre de tabla de surf eléctrica se vende una familia entera de aparatos movidos por un motor eléctrico en lugar de por el viento, las olas o un cabo de remolque, y separarlos vale más que cualquier comparativa de precios.

Son cuatro cosas distintas. El jetboard lleva la propulsión dentro del casco y planea sobre la superficie sin llegar a despegar nunca. El efoil monta un hydrofoil bajo la tabla: pasada cierta velocidad, el ala levanta el conjunto y navegas por el aire, con el mástil y el ala como único contacto con el agua. La tabla con motor de aleta es otro animal: el motor va en el cajetín de la quilla o atornillado a la cola, se quita cuando quieres y mueve la tabla a ritmo de paseo. Y luego está la cuarta, la que llena las páginas de resultados: la hinchable barata de marketplace, con un motor pequeño y una ficha técnica que casi nunca dice ni la potencia ni la capacidad de la batería.

Sobre esa cuarta categoría hay que decir algo incómodo. Cuando un anuncio no publica la potencia del motor ni lo que guarda la batería, no existe forma de comparar esa tabla con una de marca: no es que el dato sea malo, es que no está. Las otras tres publican fichas técnicas completas, y de ellas habla el resto de esta página.

Los mismos aparatos aparecen anunciados como e-surfboard, tabla eléctrica de surf o, sin más, e-surf. Todos apuntan a la misma familia. El atractivo también se repite en las cuatro: el empuje lo pone el motor, así que dejas de depender del oleaje o de una ventana de viento. Por eso funcionan en aguas interiores, donde las condiciones del surf clásico no aparecen jamás.

Detrás del auge hay algo bastante más prosaico que la tecnología: lo fácil que resulta montar una salida. Nadie estudia partes meteorológicos, nadie espera a que entre un frente, nadie madruga por la única ola decente de la semana. Basta con una hora libre y agua cerca. Súmale una propulsión silenciosa y sin humos y se entiende que estas tablas dejaran de ser cosa de la costa hace ya tiempo: ahora aparecen en lagos interiores, embalses y bahías resguardadas de medio mundo.

Tabla de surf eléctrica efoil volando sobre el agua lisa de un lago

Jetboard, efoil y SUP eléctrico: qué cambia bajo los pies

Tres tipos se han asentado en el mercado y ninguno se parece a los otros dos en cuanto te subes.

El jetboard, el tipo de tabla que fabrican Awake o Radinn, planea sobre la superficie del agua más o menos como un wakeboard, sin la cuerda y sin el barco. Aceleración seca, giros cerrados, las velocidades punta más altas de la categoría. Es el extremo deportivo del surf eléctrico y, para mucha gente, lo primero que le viene a la cabeza al oír el nombre.

El efoil lleva un hydrofoil debajo, un ala que saca del agua la tabla entera en cuanto superas cierta velocidad. Vuelas por encima de la superficie, literalmente. No hay nada parecido en el resto de los deportes de agua, y como solo el mástil y el ala siguen mojados, la navegación es casi silenciosa y sorprendentemente suave.

El SUP eléctrico es una tabla de stand up paddle con propulsión eléctrica de apoyo. Te lleva a ritmo tranquilo, con el remo en las manos o sin él. Es lo que antes se aprende de todo esto y lo que menos te exige, así que resulta la elección natural para pasear y para salir con la familia.

Jetboard: una tabla de surf eléctrica con motor planeando sobre la superficie

Conviene entender por qué planear y volar se sienten tan distinto, porque ahí está media decisión. El jetboard no deja de tocar la superficie, así que aparta agua todo el rato: notas cada rizo en los pies, dejas una estela clara detrás y el motor se oye trabajar. Un foil, una vez arriba, apenas tiene nada dentro del agua salvo el mástil y el ala. La resistencia se desploma, el ruido desaparece y el picadillo de olas pequeñas pasa por debajo en lugar de atravesarte. Por eso un efoil consume menos a velocidad de crucero, mientras que un jetboard cambia eficiencia por empuje.

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Efoil, jetboard y SUP eléctrico comparados
EfoilJetboardSUP eléctrico
SensaciónVolar por encima del aguaPlanear sobre el aguaPaseo tranquilo
Velocidadunos 30-45 km/h (19-28 mph)hasta 50-60 km/h (31-37 mph)unos 6-10 km/h (4-6 mph)
Tiempo de aprendizajeunas horas de prácticaunos cuantos intentosunos minutos
¿Para quién es?Para quien busca la sensación de vueloPara quien busca velocidad y adrenalinaPara navegar con calma
Ruido y estelaCasi mudo, apenas deja estelaMás ruidoso, estela marcadaSilencioso, estela mínima
Cifras orientativas; los números exactos cambian de un modelo a otro.

Las fronteras entre categorías se difuminan poco a poco. La sueca Awake, sin ir más lejos, construye sus jetboards (RÄVIK) y sus efoils (VINGA) sobre la misma plataforma de batería intercambiable: un sistema, dos formas de navegar. A su lado ha aparecido una cuarta familia, el foil assist: kits de motor compactos que se montan en una tabla de foil clásica para ayudarla a levantar el vuelo. La idea la abrió Foil Drive, y ahora Lift y Fliteboard fabrican sistemas propios. Aun así, si estás empezando, los tres tipos principales siguen siendo la mejor puerta de entrada: están más desarrollados y son los más fáciles de encontrar para probar.

¿Cuánto cuesta una tabla de surf eléctrica?

Piensa en tramos anchos. Un efoil o un jetboard se mueve entre las cuatro cifras medias y las cinco cifras, mientras que un SUP eléctrico se queda bastante por debajo. Lo que mueve el número es sobre todo la capacidad de la batería, el material con el que está construida la tabla y la potencia del motor.

Con cifras encima de la mesa: un efoil de entrada se mueve entre 5 000 y 7 500 EUR, y los modelos premium van de 10 000 a 15 000 EUR. La construcción también empuja el precio, porque el carbono cuesta más que un composite o que una tabla hinchable. En el mercado de segunda mano pesan dos cosas por encima de las demás: el estado de la batería y si queda garantía. La batería es la pieza más cara y la más delicada, así que no cierres ninguna compra sin haber probado antes la tabla.

Y ahí hay un dato que no publica nadie: cuántos ciclos de carga aguanta un pack antes de perder capacidad. Ninguna marca lo pone en la ficha técnica, de modo que el estado real de una batería usada no se lee en ningún papel. Se pregunta al vendedor y se comprueba en el agua.

Los precios por categoría, los costes de uso y lo que hay que mirar en una tabla de segunda mano están reunidos en una guía aparte: los precios de la tabla de surf eléctrica, en detalle.

Batería, motor y control remoto

Sea cual sea el tipo que te atraiga, el esquema interno es el mismo. Dentro de la tabla hay una batería de gran capacidad que alimenta un motor eléctrico. El ritmo lo marcas tú con un control remoto (el mando) estanco, conectado por Bluetooth: aceleras por escalones y la tabla afloja en cuanto lo sueltas.

Una carga completa da entre una y dos horas de agua, según cómo navegues. Se carga desde un enchufe doméstico y tarda varias horas, y en casi todos los modelos la batería se cambia: llevas un segundo pack y sigues. El motor eléctrico es silencioso y no echa humos, así que apenas molestas al agua por la que pasas.

Se han impuesto dos maneras de mover el agua: la hélice abierta y el chorro cerrado, con el rodete girando dentro de una carcasa. El Audi e-tron foil del fabricante alemán Aerofoils es uno de los ejemplos del segundo tipo, y su propulsión protegida tiene fama de ser especialmente amable con los principiantes y con las escuelas. En la práctica los dos sistemas funcionan bien, y la regla que de verdad importa vale para todos: sueltas el control, el motor se corta y la tabla se detiene sola.

Cuánto tiempo saques de una carga depende bastante de ti. Tu peso, la velocidad y el estado del agua entran todos en la cuenta. Navegar tranquilo estira la batería mucho más que encadenar sprints, y en un efoil la resistencia cae en cuanto vuelas, así que el consumo baja con ella. Ahí aparece un punto ciego que vale la pena conocer: las marcas anuncian esa horquilla de una a dos horas, pero no publican a qué velocidad, con qué peso ni en qué agua la han medido. Dos cifras idénticas de dos fabricantes distintos no significan lo mismo, y desde el catálogo no hay manera de comprobarlo.

Una costumbre que conviene adquirir desde el primer día: guarda siempre reserva para la vuelta y mira el nivel de carga mientras navegas. Así nunca acabas lejos de la orilla con el pack vacío.

Así transcurre la primera sesión

Una primera clase en una tarde de calor tiene siempre la misma forma. Llegas y el instructor empieza en tierra con lo que importa: cómo se sujeta el control, cómo te colocas sobre la tabla y qué pasa cuando sueltas el acelerador. Nada dramático. El motor se para, y lo peor que te llevas es un buen chapuzón.

Después entras al agua. Nadie empieza una sesión de efoil de pie: las primeras pasadas se hacen tumbado y luego de rodillas, para tomarle el pulso al acelerador y ver cómo responde la tabla. Cuando eso está firme, te levantas, primero rozando la superficie, y en algún momento llega el instante en el que el foil te despega del agua y todo alrededor se queda en silencio. A la mayoría le hacen falta unas horas de práctica para llegar hasta ahí; quien ya ha practicado wakeboard, esquí o surf suele necesitar bastante menos. En el jetboard la cuenta es más corta: tras unos cuantos intentos casi todo el mundo planea con soltura, y un SUP eléctrico se domina en minutos.

Los errores de principiante se repiten tanto que se corrigen solos:

  • Levantarse demasiado pronto. Asienta primero la posición de rodillas y sube después.
  • Mirar la punta de la tabla en lugar del horizonte. Te vas hacia donde miras.
  • Abrir el acelerador de golpe. Una aceleración progresiva y por escalones da una navegación mucho más tranquila.
  • Navegar con las piernas bloqueadas. Las rodillas flexionadas hacen de suspensión y se comen los bailes pequeños.

Y algo que conviene oír antes de empezar: caerse no es fracasar aquí, forma parte del aprendizaje. El agua es blanda y un instructor sabe qué corrección toca en cada momento. Casi todo el mundo termina esa primera sesión con una sola pregunta en la cabeza: ¿cuándo se puede volver?

Tabla de foil planeando en el momento en el que se despega del agua

¿Cuál te conviene a ti?

La decisión se reduce casi siempre a qué sensación buscas. Si lo que quieres es la libertad del vuelo, ese flotar casi sin peso por encima de la superficie, tu tabla es el efoil. Si lo que te tira son la velocidad y la adrenalina, el jetboard da la navegación más deportiva de la categoría. Y si te imaginas paseando sin prisa por el agua, quizá con la familia al lado, el SUP eléctrico es la mejor decisión, y encima el más rápido de aprender.

Si dudas, hay tres preguntas que lo zanjan:

  • ¿Con quién vas a salir? Para una familia entera, el SUP eléctrico es el más accesible; el efoil y el jetboard se parecen más a un deporte individual.
  • ¿Cuánto tiempo de aprendizaje estás dispuesto a invertir? El SUP eléctrico y el jetboard te dan una victoria el primer día; el efoil pide unas horas de paciencia y las devuelve con una sensación que no da ninguna otra tabla.
  • ¿Qué buscas de verdad ahí fuera? Desconectar, hacer ejercicio o pasar tiempo con los tuyos. La respuesta apunta directamente al tipo correcto.

Con el tipo decidido llega la pregunta de la marca. Dos nombres definen el mercado internacional del efoil: Lift Foils, de Estados Unidos, a la que se señala como la referencia del mercado, y la australiana Fliteboard, con la gama más amplia. En la parte alta sostienen el nivel la sueca Awake y el Audi e-tron foil de fabricación alemana. Si compras mirando la relación entre precio y prestaciones, acabas en Waydoo o en SiFly, que fabrica sus tablas en Bulgaria, dentro de la Unión Europea.

Antes de pagar, prueba el modelo que tienes en la cabeza y piensa con honestidad dónde y cada cuánto lo vas a usar de verdad. Los criterios, las marcas principales y el proceso entero están desarrollados en nuestra guía de compra del efoil.

Queda la otra pregunta grande: ¿alquilar o comprar? La versión corta cabe en una tabla.

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Alquilar frente a comprar
AlquilarComprar
¿A quién le compensa?A quien todavía está conociendo la sensación, o navega unas pocas veces al añoA quien quiere navegar a menudo y a su aire
CosteUna tarifa por sesión, sin inversión inicialUn desembolso grande y después uso ilimitado
Equipo y mantenimientoSe ocupa el centro de alquilerCosa tuya: guardado, carga y cuidados
AprendizajeCon instructor y supervisiónA tu ritmo, mejor después de unas horas alquiladas
Modelos que puedes probarVarios tipos y varios modelosTe casas con una tabla
Orientación general; las condiciones concretas cambian según el centro y según el modelo.

A quién le encaja y a quién no

Con franqueza, el surf eléctrico no es para todo el mundo, y eso es mejor resolverlo antes de comprar que después. Las dos listas de abajo lo dejan claro enseguida.

Te encaja si:

  • te gusta meterte en deportes de agua nuevos y unas horas de aprendizaje no te echan atrás;
  • tienes cerca de casa agua donde estas tablas se puedan usar, o pasas las vacaciones junto a una;
  • las condiciones del surf clásico o del wakeboard, es decir viento, oleaje o un cable, rara vez te acompañan;
  • te importa pasar un rato tranquilo en el agua y sin humos.

Piénsatelo dos veces si:

  • saldrías una o dos veces al año; a ese ritmo, alquilar sale casi siempre mejor que tener tabla propia;
  • no tienes resuelto dónde guardarla ni cómo transportarla; una tabla con su batería ocupa sitio de verdad y pide atención;
  • comprarías sin haberla probado; súbete antes a una de alquiler, siempre;
  • no nadas con soltura; esa capacidad es el requisito de base.

¿Te has reconocido en la segunda lista? Tampoco hace falta que renuncies a la experiencia. Para eso están los centros de alquiler: todas las ventajas y ningún compromiso.

Tabla de agua eléctrica tipo SUP sobre un lago en calma

Seguridad y respeto en el agua

El surf eléctrico es un deporte seguro de base, aunque una sesión sin sustos se apoya en unas cuantas costumbres. La parte del equipo es la fácil: chaleco salvavidas siempre, y casco cuando la sesión sea de efoil. No porque las cosas salgan mal a menudo, sino porque pocas veces se compra tanta tranquilidad por tan poco. El sistema también te cuida: sueltas el acelerador y el motor se para en el acto, así que la tabla no se te puede escapar.

Una rutina corta antes de entrar al agua se paga sola, y son siempre los mismos cuatro puntos:

  • control y batería cargados, con margen de sobra para la vuelta;
  • la propulsión gira libre, sin nada enredado;
  • el foil y su tornillería, bien apretados;
  • el agua, leída: dónde están los bañistas, los pescadores y las demás embarcaciones, y por dónde te queda un carril limpio.

Una vez fuera hay una regla que pesa más que las demás: guarda distancia. Aléjate de quien esté nadando y de cualquier embarcación, colócate de forma que siempre te sobren tiempo y espacio para frenar, y mira adelante en lugar de mirarte los pies. En un efoil, ten presente que el ala cuelga bastante por debajo de la tabla: en agua poco profunda, cerca de la orilla, no se despega, primero se sale a donde el aparato tenga sitio de sobra bajo la superficie.

Luego está la educación. Navegar sin ruido y sin humos es uno de los mejores argumentos del surf eléctrico, y merece la pena protegerlo. Baja el gas cerca de las orillas y de los pantalanes, y en un jetboard acuérdate de que tu estela cae encima de otra persona. Deja un margen generoso a los puestos de pesca y a los cañaverales. Si navegas así, te van a recibir bien en cualquier agua.

Tabla de surf eléctrica deslizándose por encima del agua

Mantenimiento, guardado y temporada

Estas tablas piden sorprendentemente poco mantenimiento, pero piden que ese poco se haga siempre. Enjuaga el equipo con agua dulce después de cada salida, con atención al motor y a las conexiones, sécalo y revisa si se ha enredado alga o hilo de pesca en la propulsión. En agua salada ese enjuague importa más, no menos. Repasa también el ala del foil y su tornillería con regularidad, siguiendo siempre lo que indique el fabricante.

La pieza más cara y más delicada es la batería, así que es la que más cuidado merece. No la dejes cocerse al sol ni dentro de un vehículo caliente, cárgala en un sitio seco y ventilado, y sigue el manual cuando vaya a pasar una temporada sin uso. Los fabricantes indican con precisión a qué nivel de carga debe guardarse un pack. Una batería bien tratada conserva su capacidad durante años; una descuidada es el recambio más caro de toda la tabla.

En climas templados la temporada va de finales de primavera a principios de otoño, sea cual sea tu hemisferio, y un traje de neopreno la estira por los dos extremos. En costas cálidas no se cierra nunca. Cuando llegue el momento de guardarlo todo, limpia bien el equipo y déjalo en un sitio seco y con temperatura estable. Un garaje frío puede valer para la tabla; para la batería casi nunca vale. Antes de la primera salida de la temporada siguiente, dale un repaso a los conectores, a los tornillos y a la carga del control. Así la primera sesión trata de lo que tiene que tratar.

Dónde probar una antes de comprar

Probar una tabla de surf eléctrica se ha vuelto sencillo en muchos sitios. Las escuelas, las jornadas de prueba y los centros de alquiler se han extendido mucho más allá de las costas clásicas de surf, y ahora están también en lagos interiores, en embalses y en bahías resguardadas. El agua plana y protegida es donde mejor se aprecia lo que aporta una propulsión eléctrica silenciosa, y además es donde más fácil resulta aprender.

Empieces donde empieces, hay dos cosas que conviene resolver antes. La primera, las reglas. Da igual la tabla que lleves debajo, una hinchable de marketplace o un jetboard premium: lo que puedes hacer con ella no es lo mismo en unas aguas que en otras ni en un país que en el vecino. Averígualo donde vayas a navegar, antes de salir. La segunda es la hora. A primera hora de la mañana y a última de la tarde el agua suele estar más plana y hay menos tráfico, lo que facilita el aprendizaje y mantiene una distancia cómoda con quien esté nadando.

Si todavía no sabes qué tipo te va, alquilar es el mejor primer paso posible: instructor, equipo completo y sin dinero comprometido en ninguna tabla. Prueba un efoil y un jetboard el mismo día si encuentras un sitio que tenga los dos, y la elección se hace sola.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una tabla de surf eléctrica?

Es el nombre paraguas de las tablas de agua con motor: entran ahí los jetboards, los efoils, los SUP eléctricos y las hinchables con motor de aleta. Lo que comparten es la propulsión eléctrica, así que no necesitas ni olas ni viento para moverte.

¿Qué diferencia hay entre un efoil y un jetboard?

El jetboard planea sobre la superficie del agua a más velocidad y se navega parecido a un wakeboard sin cuerda. El efoil se apoya en un ala de hydrofoil que levanta la tabla entera por encima de la superficie, así que vuelas en lugar de rozar. Uno es la opción de adrenalina; el otro, la silenciosa.

¿Cuánto cuesta una tabla de surf eléctrica?

Los efoils y los jetboards se mueven entre las cuatro cifras medias y las cinco cifras, y los SUP eléctricos cuestan bastante menos. El número exacto lo marcan la marca, la construcción y la capacidad de la batería.

¿Es difícil aprender?

No mucho. Un SUP eléctrico se entiende en minutos y en un jetboard casi todo el mundo planea con soltura tras unos cuantos intentos. El efoil pide unas horas de práctica hasta que volar resulta cómodo, y bastantes menos si ya practicas otros deportes de agua.

¿Es segura una tabla de surf eléctrica?

Bastante, siempre que respetes lo básico: aprender con instructor, llevar chaleco salvavidas (y casco en el efoil) y mantenerte lejos de bañistas y embarcaciones. Si sueltas el control, el motor se corta y la tabla se va frenando sola.

¿Hace falta saber nadar?

Sí. Nadar con soltura es el requisito de base. Vas a acabar en el agua muchas veces mientras aprendes, sobre todo en un efoil, y eso forma parte del proceso. Con chaleco puesto y con alguien mirando, la cosa sigue siendo divertida en lugar de dar miedo.

¿Mejor alquilar primero o comprar directamente?

Alquilar primero, casi siempre. Una o dos sesiones con instructor te dicen qué tipo te conviene de verdad, y sin una compra grande detrás. Comprar tiene sentido cuando ya sabes que vas a navegar a menudo y tienes resuelto dónde guardar la tabla, cómo transportarla y dónde cargarla.

¿Qué equipo necesito para el surf eléctrico?

Aparte de la tabla y de su control estanco, el chaleco salvavidas no se discute, y el casco acompaña a cualquier sesión de efoil. En agua fría, el traje de neopreno te mantiene cómodo y alarga la temporada por los dos extremos. Los centros de alquiler suelen dar todo el equipo.

¿Cuánto dura la batería con una carga?

Entre una y dos horas de agua, según la velocidad, el peso del rider y el estado del agua. Cargar desde un enchufe lleva varias horas y, como en casi todos los modelos la batería es intercambiable, con un segundo pack sigues sin esperar. Ningún fabricante publica a qué velocidad ni con qué peso mide esas horas.

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